ONU confirmó laboratorios de éxtasis en Chile
Chile fabrica éxtasis. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito lo confirma en su Informe Mundial sobre Drogas publicado el 26 de junio en Viena. El país aparece, junto con Argentina y Canadá, como uno de los nodos de producción de MDMA fuera de los enclaves históricos europeos y de Oceanía.
Ningún medio chileno publicó ese dato.
El reporte de la ONU es el documento más exhaustivo que existe sobre el estado global del narcotráfico. Lo citan los ministerios del Interior, los fiscales y los investigadores de todo el mundo. Y en las páginas dedicadas a América del Sur hay una mención específica a Chile que pasó completamente inadvertida en el país al que hace referencia.
Lo que sigue es ese dato con todo el contexto que merece.
El año en que el mundo batió todos los récords de consumo
El reporte de la UNODC describe un mercado global que creció más rápido que cualquier respuesta institucional diseñada para contenerlo. Los números son los más altos desde que el organismo lleva estadísticas.
331M | personas ingirieron alguna droga en 2024. El 6,2% de la población mundial entre 15 y 64 años. Diez años antes era el 5,2%. |
755 | nuevas sustancias psicoactivas identificadas en 2024. De ellas, 118 se reportaron por primera vez ese año. |
5x | más tipos de narcóticos encontrados en los decomisos de 2024 que antes del año 2000. |
+4.000T | de cocaína producida en 2024 en estado puro. Cuatro veces más que hace una década. |
1 de 12 | personas con adicción grave recibe atención en el mundo. El mismo índice que registra Chile. |
Mónica Juma, directora ejecutiva de la UNODC, fue directa ante la prensa: hemos observado un aumento sin precedentes de nuevos tipos de drogas en el circuito y, de forma preocupante, algunas son más potentes y peligrosas que antes.
Esa descripción aplica con exactitud al tusi que circula en Chile.
La cocaína rosa que rara vez contiene cocaína
El documento de la UNODC confirma que Argentina, Colombia y Chile son los puntos neurálgicos en América del Sur para la distribución de la llamada cocaína rosa o tusi. El nombre evoca cocaína. El compuesto rara vez la lleva.
El tusi es una mezcla variable. La combinación más frecuente incluye ketamina, metanfetamina y MDMA. En algunos lotes, los análisis forenses detectan además opioides artificiales potentes como el fentanilo o los nitacenos. La proporción de cada componente varía según el fabricante, la zona y el momento. Quien lo adquiere no sabe qué está ingiriendo.
La ketamina es uno de los componentes habituales del tusi y también el narcótico que más ha crecido en decomisos en el norte de Chile en los últimos años. Las confiscaciones de ketamina en la región aumentaron un 463% entre 2022 y 2025, según datos del Ministerio Público. El análisis completo de esa tendencia está en este artículo del blog de SinAdicciones.org.
El psiquiatra y neurólogo argentino Enrique De Rosa Alabaster, consultado por medios del continente tras la publicación del reporte, lo resumió sin rodeos: el circuito ilícito impuso las mezclas como respuesta a una sociedad que medicaliza su sufrimiento, en la cual el rendimiento es el eje existencial absoluto.
Quien llega hoy a un centro de rehabilitación chileno después de años de uso de tusi tiene un cuadro clínico que no encaja en las clasificaciones tradicionales. Tiene ketamina, metanfetamina y MDMA a la vez, más los contaminantes que ninguno de los tres componentes declaraba por separado, más la incertidumbre de qué más hubo en cada dosis a lo largo del tiempo. El equipo que lo recibe trabaja sin protocolo estándar para ese cuadro porque ese cuadro es reciente. Y la red sanitaria chilena no ha generado todavía las guías que los profesionales necesitan.
Esa transformación en los patrones de ingesta tiene consecuencias directas sobre los establecimientos de rehabilitación del país. El 95% de quienes buscan ayuda en Chile tiene además un trastorno de salud mental sin tratar, según el Estudio Reto 21 Días de SinAdicciones.org. Cuando ese cuadro psiquiátrico coexiste con policonsumo de tusi, el abordaje se vuelve significativamente más complejo: hay que tratar la dependencia de la ketamina, la de las anfetaminas y la del MDMA simultáneamente, sobre un sistema nervioso que además carga con depresión o ansiedad crónica. La mayoría de los centros chilenos no tiene protocolos específicos para ese cuadro. La red sanitaria va detrás del circuito.
De mercado de tránsito a fabricante
El salto desde país consumidor hasta nodo con talleres de fabricación tiene una lógica económica concreta que el reporte de la UNODC describe con frialdad: las drogas artificiales son baratas de producir, no requieren grandes extensiones de tierra y su potencia permite transportar pequeñas cantidades con alto valor de reventa. Un kilogramo de MDMA puro equivale, en precio final de venta, a varias toneladas de cannabis.
Esa ecuación logística atrae al crimen organizado hacia la manufactura local cuando el mercado regional alcanza el volumen suficiente. Chile lo alcanzó.
Los hallazgos de talleres de éxtasis en el país no son nuevos. Hubo casos en años anteriores que la prensa trató como hechos aislados. El reporte de 2026 los consolida dentro de una tendencia regional y los ubica al mismo nivel que Argentina y Canadá, dos países con trayectorias más documentadas en producción de compuestos sintéticos. Eso cambia la categoría del fenómeno: lo que parecía excepcional tiene ahora respaldo estadístico internacional.
La consecuencia más directa para la salud pública chilena es la calidad de lo que circula en el circuito local. Los compuestos fabricados en talleres clandestinos sin control de calidad tienen composición variable, dosificación imprecisa y adulteración frecuente. El mismo gramo de éxtasis puede tener concentraciones radicalmente distintas según el lote. Y quien lo ingiere no tiene ninguna herramienta para saberlo antes de consumirlo.
Qué es el éxtasis y por qué su presencia en Chile es una alerta clínica
El éxtasis es el nombre popular de la MDMA, sigla de 3,4-metilendioximetanfetamina. Fue sintetizada en 1912 por los laboratorios Merck como partí de una investigación sobre medicamentos para el control del sangrado. Durante décadas quedó archivada. En los años 70, el psicólogo Alexander Shulgin la redescubrió y documentó sus propiedades psicoactivas. En los 80 se popularizó en contextos terapéuticos antes de que Estados Unidos la declarara ilegal en 1985.
Actúa principalmente sobre tres neurotransmisores: serotonina, dopamina y noradrenalina. Provoca una liberación masiva y simultánea de los tres, generando euforia intensa, empatía exacerbada, reducción de la fatiga y aumento de la sociabilidad. Sus efectos duran entre tres y seis horas. Lo que viene después, cuando la liberación se agota, es una caída que los usuarios describen como vacío emocional profundo.
Los daños documentados
El uso reiterado de MDMA provoca deterioro de las neuronas serotoninricas. Estudios de neuroimagen publicados en Neuropsychopharmacology muestran reducción de la densidad de transportadores de serotonina en consumidores frecuentes, con consecuencias sobre el estado de ánimo, la memoria verbal y el razonamiento complejo. Esos cambios pueden persistir años después de dejar de consumir.
Los efectos cardiovasculares son los que generan las urgencias agudas: taquicardia, hipertensión, hipertermia. Cuando la temperatura corporal sube por encima de los 40 grados, el cuadro puede derivar en insuficiencia hepática, renal o coagulación intravascular. La mayoría de las muertes documentadas por MDMA ocurren por golpe de calor en entornos de baile con deshidratación, o por hiponatremia cuando la persona bebe agua en exceso para compensar el calor.
El riesgo aumenta significativamente cuando la MDMA viene adulterada con anfetaminas, metanfetaminas o DOx, que son exactamente los componentes que la UNODC detecta en los lotes de tusi que circulan en Chile. Una persona que cree estar tomando éxtasis puede estar ingiriendo metanfetamina con MDMA y ketamina en proporciones que ninguna de las partes sabe cómo calcular. Ese es el escenario que los médicos de urgencia chilenos enfrentan cada vez con más frecuencia.
La dependencia psicológica al éxtasis es real aunque no genere síndrome de abstinencia física clásico. El uso compulsivo aparece en personas que lo utilizan para regular estados emocionales difíciles: depresión, ansiedad social, trauma. Cuando el circuito serototinérgico queda deteriorado por el consumo frecuente, esos estados empeoran en la abstinencia, lo que impulsa a volver a consumir para recuperar el equilibrio que la propia droga fue dañando. Es el mismo círculo que opera en otras dependencias, solo que en este caso el daño neurológico acumulado hace la salida progresivamente más difícil.
Chile lidera el consumo de cocaína en América Latina y la brecha se amplía
El reporte de la UNODC ratifica lo que estudios regionales y datos del SENDA venían mostrando: Chile es el país con mayor consumo de cocaína por habitante en el continente. Lo que cambia este año es la escala del contexto en que ese dato se inscribe.
La producción global del alcaloide se cuadruplicó en la última década. Superó las 4.000 toneladas en estado puro en 2024. Los grupos del crimen organizado cambiaron la estrategia: ya no solo abastecen los mercados consolidados en Europa Occidental y América del Norte. Envían cantidades crecientes hacia los emergentes. Chile es uno de ellos. Mayor disponibilidad en el circuito regional se traduce en mayor ingesta, mayor variabilidad de pureza y mayor velocidad de instalación de la dependencia.
El 22,8% de quienes buscan rehabilitación en Chile señala la cocaína como su sustancia principal, según el Estudio Reto 21 Días de SinAdicciones.org. El tiempo promedio de uso antes de dar el primer paso es 14,2 años. Con una red de distribución que crece en volumen y se diversifica en formatos de consumo, ese promedio no va a disminuir por inercia.
Chile es además el segundo país del mundo en prevalencia de ingesta de cocaína de por vida entre la población de 15 a 64 años, detrás de Estados Unidos, según datos de la OPS. Cuando la producción global del alcaloide se cuadruplica y los grupos criminales priorizan los mercados emergentes del cono sur, el país parte con una vulnerabilidad estructural mayor que cualquier otro del continente. El aumento de disponibilidad no llega a un mercado vírgen. Llega a uno de los más consolidados de América Latina.
755 compuestos. Chile no sabe cuántos circulan aquí.
En 2024, la UNODC identificó 755 sustancias psicoactivas distintas en los mercados de narcóticos del mundo. De ellas, 118 se reportaron por primera vez ese año. Eso significa que cada mes aparecen nuevos compuestos que los laboratorios forenses todavía no tienen en sus bases de datos, que los médicos de urgencias no reconocen y que los sistemas de alerta temprana no han catalogado.
Chile no tiene un sistema de detección temprana de nuevas drogas equivalente al de la Unión Europea. La EUDA, la agencia europea del sector, opera una red de intercambio de información entre países que permite identificar compuestos emergentes antes de que se asienten en el circuito local. En América Latina, esa arquitectura es fragmentaria en el mejor de los casos.
El micropunto que apareció en Antofagasta el 26 de junio de 2026 es el ejemplo más reciente. Una variante del LSD con posibles adulterantes de la familia DOx que ninguna institución sanitaria chilena había identificado previamente en la zona. Llegó antes de que el sistema de salud supiera que venía.
La velocidad de aparición de nuevos compuestos supera la capacidad de respuesta de cualquier sistema sin detección temprana activa. La prohibición de la amapola en Afganistán en 2022 eliminó el 80% de la producción mundial de heroína. Ese vacío no redujo el uso de opiáceos. Lo desplazó hacia alternativas artificiales: fentanilo, nitacenos, orfinas. Sustancias sin historia clínica larga, con perfiles de riesgo que la ciencia todavía documenta. Cada vez que el sistema prohibicionista bloquea una ruta, el circuito encuentra otra. Y la nueva llega casi siempre con compuestos más potentes y menos conocidos que la anterior.
Si alguien de tu entorno consume narcóticos de origen incierto y los síntomas son desproporcionados o inusuales, el test gratuito de SinAdicciones.org permite hacer una primera evaluación anónima y orientar la búsqueda de atención clínica.
Uno de cada doce. El número que debería ser una política de Estado.
El reporte anual de la UNODC incluye un dato sobre atención que en Chile pasa sin debate político: solo 1 de cada 12 personas con adicción grave recibe algún tipo de cuidado. Once de cada doce no tienen acceso a terapia. El índice es global, pero coincide con el chileno, que tiene 700.000 personas con consumo problemático activo y donde la cobertura del sistema público llega al mismo porcentaje.
La producción de cocaína se cuadruplicó. Los compuestos artificiales se multiplican. Los talleres de éxtasis aparecen en el cono sur. Y la red de atención en Chile cubre el mismo porcentaje de personas que hace cinco años.
El reporte es explícito en su diagnóstico final: el costo humano de las drogas, cerca de medio millón de muertes anuales relacionadas a nivel global, obliga a los estados a reequilibrar sus presupuestos hacia la prevención y el tratamiento. La represión del tráfico, sola, no detiene el crecimiento del circuito.
Chile promulgó la Ley 21.817 en mayo de 2026 para endurecer las penas por tráfico de fentanilo, ketamina y metanfetaminas. La norma tiene sentido. Y sin una red de tratamiento que crezca al mismo ritmo que el mercado, el problema se administra sin resolverse. Para quienes buscan un establecimiento verificado hoy, el directorio de SinAdicciones.org tiene más de 130 centros en las 16 regiones del país con contacto directo.
La ley nueva. El mismo porcentaje sin atención.
El Informe Mundial sobre Drogas 2026 es también, como señalan varios analistas internacionales, la evidencia más actualizada del fracaso de la política prohibicionista como respuesta única. El circuito creció. Las sustancias se multiplicaron. Las muertes siguen. Y los estados siguen invirtiendo en represión del tráfico sin aumentar de forma equivalente la inversión en sanidad.
Chile fabrica MDMA. Lidera el ingreso de cocaína en América Latina. Ve llegar el micropunto al norte del país. Sigue sin testeo de drogas. Sigue sin red de alerta temprana sobre nuevas sustancias. Y atiende al 8% de quienes necesitan ayuda.
Ese es el cuadro que la publicación de la ONU dibuja sobre Chile. Eso es lo que conviene leer entre sus líneas.
Fuentes
UNODC, Informe Mundial sobre las Drogas 2026. https://www.unodc.org
Infobae, Crece el consumo de drogas sintéticas en Argentina y el mundo, 30 de junio de 2026. https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/06/30/informe-de-la-onu-crece-el-consumo-de-drogas-sinteticas-mas-potentes-en-argentina-y-el-mundo/
La Nación Argentina, La ONU alerta por el avance de las drogas sintéticas, 29 de junio de 2026. https://www.lanacion.com.ar/seguridad/la-onu-alerta-por-el-avance-de-las-drogas-sinteticas-en-la-argentina-y-revela-el-impacto-del-regimen-nid29062026/
Emol, ONU alerta sobre aumento sin precedentes de nuevas drogas sintéticas, 26 de junio de 2026. https://www.emol.com/noticias/Internacional/2026/06/26/1204051/onu-aumento-nuevas-drogas-sinteticas.html
El Nuevo Siglo, Informe Mundial de Drogas 2026. https://www.elnuevosiglo.com.co/internacional/inedito-aumento-de-drogas-sinteticas-755-identificadas
Catalina Pérez Correa, UNODC y el informe del fracaso, El Universal México, junio 2026. https://www.eluniversal.com.mx/opinion/catalina-perez-correa/unodc-y-el-informe-del-fracaso/
SinAdicciones.org, Estudio Reto 21 Días, 2026.
Ministerio Público de Chile, datos de incautaciones 2022-2025.
Centros Destacados
Sobre el autor

Ricardo Manzur Carrasco
Editor & Periodista Especializado en Adicciones
Periodista con más de 20 años de carrera, ex editor nacional. Certificado por OPS/OMS y SENDA en neurobiología del consumo y política de drogas. Investiga y escribe sobre rehabilitación, salud mental y políticas públicas en Chile.