La segunda droga más consumida en Chile tiene receta
Valeria tenía 47 años cuando su médico de cabecera le recetó clonazepam por primera vez.
Acababa de separarse después de dieciséis años de matrimonio. No dormía. La angustia era física: pecho apretado, respiración cortada, pensamientos que no paraban. El médico fue claro: media pastilla al acostarse, por un mes, para pasar este período difícil.
Eso fue hace cuatro años.
Hoy Valeria toma una pastilla entera, a veces una y media. Lo intentó dejar dos veces. La primera, a los seis meses, sin avisarle al profesional. Duró cuatro días: no dormía, el corazón se le disparaba, sentía que algo terrible iba a ocurrir en cualquier momento. La segunda vez, el año pasado, fue peor. Tuvo convulsiones. La llevaron a urgencias.
Nadie le había dicho que dejar el clonazepam de golpe podía matarla.
Nadie le había dicho, tampoco, que lo que tenía era un enganche clínico. Que el medicamento que le indicaron para pasar un momento difícil se había convertido en algo de lo que su cerebro ya no podía prescindir. Que lo que empezó como una ayuda para dormir se había transformado, sin que nadie lo viera venir, en una adicción.
El perfil de Valeria es el más frecuente de adicción a tranquilizantes en Chile. Y es una historia que el aparato médico lleva décadas sin nombrar con esa palabra.
La segunda droga más consumida en Chile y nadie la llama así
En junio de 2026, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito publicó su informe anual sobre drogas. Los medios chilenos titularon con el tusi. Hubo cobertura sobre la ketamina, sobre la cocaína, sobre los laboratorios de éxtasis.
Lo que casi nadie publicó fue el ranking de prevalencia elaborado por la ONU para Chile. Marihuana en primer lugar. Y, en segundo lugar, por encima de la cocaína, del tusi, del éxtasis y de los opioides: los tranquilizantes y sedantes sin prescripción médica.
La segunda sustancia más consumida en Chile no la vende ningún narcotraficante. La compras en la farmacia de la esquina.
El 16° Estudio Nacional de Drogas de SENDA, publicado en diciembre de 2025, confirmó la tendencia: el uso de ansiolíticos sin indicación médica subió de 1,8% en 2022 a 2,2% en 2024. Es el único registro que sube en forma consistente mientras los demás bajan. Los especialistas lo calificaron como señal de riesgo. Nadie abrió un debate político.
2,2% | de la población chilena ingiere tranquilizantes sin receta médica, según SENDA 2024. Es el único indicador que sube mientras los demás bajan. |
42,9% | de la población de Santiago ha consumido alguna vez una benzodiazepina en su vida, según estudio publicado en Revista Chilena de Neuropsiquiatría. |
4,1% | puede considerarse con adicción a las benzodiazepinas en Chile. Es tres veces el promedio mundial, según el mismo estudio. |
313.639 | personas usaron psicofármacos sin supervisión médica en Chile en 2016, casi el doble que en 2014, según SENDA. |
El 4,1% de enganche es la cifra más reveladora. Tres veces el promedio mundial. Algo en la forma en que Chile prescribe, controla y da seguimiento al uso de benzodiazepinas no está funcionando.
El clonazepam: cómo el cerebro aprende a no soltarlo
Los ansiolíticos más consumidos en Chile pertenecen a la familia de las benzodiazepinas. Clonazepam, clotiazepam, alprazolam, diazepam, lorazepam. Nombres técnicos que en los consultorios y en las farmacias chilenas se pronuncian con la misma naturalidad que el ibuprofeno.
Estas pastillas actúan sobre el sistema nervioso central potenciando el efecto del GABA, el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro. El resultado es una reducción inmediata de la tensión, relajación muscular y sedación. Para alguien que lleva semanas sin dormir, el alivio es real y casi instantáneo.
Esa velocidad es parte del problema.
El organismo aprende con rapidez. Cuando recibe regularmente una sustancia que potencia el GABA, empieza a generar menos GABA propio. Se adapta al fármaco. Desarrolla tolerancia: con el tiempo requiere mayor cantidad para conseguir el mismo efecto. Y cuando el medicamento desaparece, el cerebro queda expuesto sin el amortiguador natural que debería tener. El resultado es un rebote: angustia intensa, insomnio severo, irritabilidad, temblores. Exactamente lo que la persona quería tratar.
El psiquiatra de la Clínica Alemana lo resume sin rodeos: la mayoría de las personas usa benzodiazepinas en dosis o períodos más largos de lo recomendado. No porque lo decidan así. Porque el especialista no hizo el seguimiento, la prescripción se renovó automáticamente y nadie revisó si seguía siendo necesaria.
La adicción que empieza con una receta del médico de cabecera
La adicción a tranquilizantes no tiene la estética de otras dependencias. No hay dealers, no hay jeringas, no hay deterioro visible desde afuera. Hay una caja de pastillas en el velador y una receta que se renueva cada mes.
Por eso demora tanto en identificarse.
Un médico de atención primaria, habitualmente sin especialización en psiquiatría, indica una benzodiazepina para un episodio de angustia, insomnio o estrés agudo. La indicación inicial suele ser de cuatro a seis semanas, que es el período de uso seguro para la mayoría de estas sustancias. La falla está en lo que viene después: o el control no ocurre, o la persona ya siente que no puede prescindir del medicamento y pide la renovación sin que nadie evalúe si el enganche ya se instaló.
En Chile, un estudio en consultorios del área norte de Santiago encontró que el 19,4% de las consultas de atención primaria implicaban uso de benzodiazepinas, y que el 38,8% de esas pastillas se usaban sin prescripción médica vigente. Casi cuatro de cada diez personas que tomaban ansiolíticos en esos consultorios ya los conseguían por fuera del sistema formal.
¿Cómo los obtenían? Según cifras del Estudio Nacional de Drogas de 2014, la vía principal era a través de terceros sin pago, es decir, alguien del entorno que compartía su propio medicamento. Después, internet y ferias libres. Solo el 8,8% los adquiría en farmacias.
Las ferias libres venden clonazepam. Esa frase no es una anécdota. Es la consecuencia directa de un sistema de prescripción sin mecanismos efectivos de control del uso problemático.
La pandemia aceleró algo que llevaba años gestándose
El deterioro de la salud mental post pandemia es uno de los factores que la ONU identifica en su informe de 2026 como motor del aumento en el uso de tranquilizantes y sedantes.
El confinamiento produjo un alza sostenida de angustia, depresión e insomnio en la población chilena. La respuesta del sistema sanitario, saturado y reorganizado para la emergencia, fue en muchos casos la prescripción de psicofármacos como solución de primer nivel. No por descuido. Porque era lo más rápido cuando las listas de espera para psicólogos y psiquiatras se extendían por meses.
El 95% de quienes buscan rehabilitación en Chile por consumo de sustancias tiene además un trastorno de salud mental sin tratar, según el Estudio Reto 21 Días de SinAdicciones.org. La angustia y la depresión son los dos principales gatillantes de la recaída en cualquier tipo de adicción, incluida la que no tiene nombre de droga ilícita. La patología dual — la coexistencia de trastorno mental y adicción activa — es el cuadro más frecuente en los centros de rehabilitación chilenos y el más subdiagnosticado en el sistema público.
El circuito se repite: la persona tiene tensión real, le prescriben benzodiazepinas, la angustia disminuye, el medicamento se renueva, el problema de base nunca se trata, el organismo se adapta al fármaco, y cuando alguien intenta retirarlo, la agitación que regresa es más intensa que la original porque el cerebro quedó sin sus defensas naturales.
El sistema sanitario generó esa dinámica. Y tiene dificultades reales para desactivarla.
Las mujeres cargan con la mayor parte de esta adicción silenciosa
Los registros sobre uso de psicofármacos en Chile tienen una brecha de género que los informes mencionan brevemente y que merece atención específica.
Un estudio poblacional en Santiago, publicado en la Revista Chilena de Neuropsiquiatría, encontró que la ingesta anual de psicofármacos era significativamente mayor en mujeres que en hombres: 38,9% versus 22,8%. Casi el doble.
Las explicaciones son variadas. Las mujeres acuden más al sistema de salud, lo que aumenta la probabilidad de que un médico las evalúe e indique un ansiolítico. Tienen mayor prevalencia de trastornos ansiosos y depresivos diagnosticados. Y hay evidencia de que los especialistas prescriben benzodiazepinas a mujeres con más frecuencia que a hombres con cuadros similares, en parte por sesgos de género documentados en la literatura médica internacional.
En Concepción, un estudio de 1988 encontró que el 85% de la automedicación de ansiolíticos en mujeres correspondía a benzodiazepinas. Ese registro tiene más de treinta años y ninguna política pública lo abordó de manera específica.
Valeria no es una persona con baja tolerancia a la dificultad. Es alguien a quien el sistema indicó una solución rápida sin darle las herramientas para que fuera temporal. Y que pagó las consecuencias en silencio porque nadie le había dicho que su cuadro merecía el mismo tratamiento que cualquier otra adicción.
Por qué dejar el clonazepam puede ser más difícil que dejar la cocaína
Hay una razón clínica por la que Valeria terminó en urgencias cuando intentó suspender el clonazepam de golpe.
El síndrome de abstinencia de las benzodiazepinas es comparable al del alcohol, según la literatura médica especializada. Puede provocar convulsiones, hipertermia, psicosis aguda y en situaciones extremas, la muerte. Así lo documentan múltiples estudios y así lo advirtió la Asociación Americana de Psiquiatría en su informe de 1990 sobre enganche y toxicidad de las benzodiazepinas.
Los síntomas de retirada incluyen angustia intensa que puede extenderse por meses, insomnio severo, depresión, náuseas, vómitos, temblores, tics musculares, y en los cuadros más graves, convulsiones. La abstinencia de benzodiazepinas de vida media prolongada, como el clonazepam, puede demorar hasta tres semanas en manifestarse desde la última dosis.
Quien decide suspender el clonazepam sin supervisión médica no solo enfrenta una decisión emocionalmente difícil. Enfrenta un riesgo clínico real. Y en Chile, donde la red sanitaria no tiene protocolos claros ni accesibles para el manejo de esta adicción, muchas personas lo intentan solas porque no saben a dónde acudir.
La retirada correcta se hace de forma gradual y planificada, reduciendo la dosis de manera progresiva durante semanas o meses según el tiempo de uso y la cantidad habitual. En casos de enganche severo, requiere supervisión psiquiátrica y en algunos casos, hospitalización.
Cinco preguntas sobre el clonazepam que nadie responde en el consultorio
1. ¿El clonazepam crea adicción si lo recetó un médico?
Sí. El enganche a las benzodiazepinas no depende de cómo se obtuvo el medicamento sino de cuánto tiempo se usó y en qué dosis. Más de cuatro a seis semanas de ingesta produce adaptaciones físicas en el cerebro que son la base de la adicción, independientemente de si la indicación fue médicamente correcta. Que un especialista lo haya prescrito no protege al organismo de adaptarse a la sustancia.
2. ¿Cómo sé si tengo dependencia y no solo necesito el medicamento?
Hay señales concretas. Necesitas aumentar la dosis para conseguir el mismo efecto que antes. Sientes angustia intensa cuando se acerca la hora de tomar la siguiente pastilla. Lo intentaste suspender y aparecieron síntomas físicos como temblores, insomnio severo o taquicardia. Organizas tu vida alrededor del ansiolítico: te preocupa quedarte sin stock, lo llevas a todas partes, lo buscas cuando no tienes prescripción vigente. Si varias de estas situaciones te resultan familiares, lo que describes no es solo necesidad terapéutica. Es adicción.
3. ¿Puedo dejar de tomarlo de golpe?
No. La retirada abrupta de benzodiazepinas puede provocar convulsiones y en situaciones extremas resultar fatal. La suspensión debe ser gradual, bajo supervisión de un psiquiatra, reduciendo la dosis de forma progresiva. La velocidad depende del tiempo de uso y la dosis habitual: a mayor período y cantidad, más lenta debe ser la retirada. Si intentaste dejarlo sin guía clínica y tuviste síntomas intensos, el test gratuito de SinAdicciones.org puede orientarte sobre el nivel de enganche y qué tipo de acompañamiento necesitas.
4. ¿Tiene tratamiento la adicción a tranquilizantes?
Sí. El abordaje incluye una retirada gradual supervisada por psiquiatra, que en algunos casos implica cambiar temporalmente a una benzodiazepina de vida media más larga para facilitar el proceso. A eso se suma psicoterapia para trabajar la angustia de base que llevó al consumo inicial, desarrollo de herramientas de regulación emocional que no dependan del fármaco, y evaluación del trastorno de salud mental subyacente que nunca se trató correctamente. El proceso puede durar meses. Tiene resultados.
5. ¿Hay centros de rehabilitación en Chile que atiendan la adicción a pastillas?
Sí. La adicción a benzodiazepinas y psicofármacos es un cuadro que los establecimientos de rehabilitación especializados tratan. Algunos tienen programas específicos para dependencia a fármacos con prescripción. En el directorio de SinAdicciones.org hay más de 130 centros verificados en las 16 regiones de Chile. Puedes filtrar por tipo de tratamiento y zona geográfica para encontrar el más adecuado.
Lo que Chile no está haciendo con la adicción a pastillas
La adicción a tranquilizantes en Chile no es un fracaso individual de quienes la desarrollan. Es el resultado predecible de una red sanitaria que prescribe fármacos de alta capacidad de generar enganche sin protocolos de seguimiento adecuados, sin tiempos máximos de uso aplicados en la práctica y sin una red de salud mental que ofrezca alternativas reales antes de llegar al medicamento.
El clonazepam es el ansiolítico más indicado en Chile. Es un fármaco útil en contextos específicos con supervisión adecuada. La falla no está en la molécula. Está en que en los consultorios de atención primaria del sistema público, una persona con angustia severa tiene mucho más acceso a una prescripción de benzodiazepinas que a un psicólogo con horas disponibles en el corto plazo.
Esa brecha produce lo que los datos confirman: 4,1% de adicción a benzodiazepinas en la población de Santiago, tres veces el promedio mundial. 313.639 personas usando psicofármacos sin supervisión en 2016. Tranquilizantes como segunda sustancia más consumida en el país según la ONU.
Valeria lleva cuatro años tomando clonazepam. Sabe que depende de él. Sabe que no puede dejarlo sola. Lo que no sabe es a dónde ir para hacerlo bien. Eso es lo que el sistema de salud le debe.
Fuentes
SENDA, 16° Estudio Nacional de Drogas en Población General 2024. Ministerio del Interior, Chile, diciembre 2025. https://www.interior.gob.cl
UNODC, Informe Mundial sobre Drogas 2026. https://www.unodc.org
Mauricio OV. Dependencia a benzodiazepinas en un centro de atención primaria de salud. Revista Chilena de Neuropsiquiatría. 2009;47(2):132-7. https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-92272009000200005
Medwave. Factores asociados al consumo de psicofármacos sin receta en Chile. https://www.medwave.cl/investigacion/estudios/7670.html
CNN Chile. Informe del SENDA revela caída histórica en consumo de alcohol, pero preocupa aumento de tranquilizantes sin receta. Diciembre 2025. https://www.cnnchile.com
Clínica Alemana. Clonazepam y clotiazepam, fármacos tranquilizantes de cuidado. https://www.clinicaalemana.cl/articulos/detalle/2022/clonazepam-clotiazepam-para-que-sirve
La Tercera. ONU advierte cambios en el consumo de drogas: Chile sobresale por el uso de tusi. Junio 2026. https://www.latercera.com
24horas. Consumo de psicofármacos sin receta: la peligrosa conducta que crece entre los adolescentes. https://www.24horas.cl
Wikipedia. Síndrome de abstinencia de las benzodiazepinas. https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_abstinencia_de_las_benzodiazepinas
SinAdicciones.org. Estudio Reto 21 Días. 2026.
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Sobre el autor

Ricardo Manzur Carrasco
Editor & Periodista Especializado en Adicciones
Periodista con más de 20 años de carrera, ex editor nacional. Certificado por OPS/OMS y SENDA en neurobiología del consumo y política de drogas. Investiga y escribe sobre rehabilitación, salud mental y políticas públicas en Chile.